Moreno y muy alto. Fornido y de sonrisa franca. Ojos miel y cabello negro revuelto. Manos grandes y suaves que se entrelazaban con las mías. Sus labios gruesos se movían al compás de la canción de amor que me estaba cantando.
-Ya es hora -murmuró mientras nuestro alrededor se volvía difuso y oscurecía de forma nada natural.
De música de fondo ahora había un pitido intermitente que me resultó sumamente irritante.
-Aun no me quiero ir, mi lugar es contigo -Dije en voz baja, con la desesperación creciendo en mi interior.
-Me volverás a ver, cada noche... Despierta, princesa.
BAM
De nuevo aquella oscuridad tan familiar, aquel ronquido junto a mi ahora me parecía de lo más prosaico comparado con la dulzura de la voz de mi morféico amante.
-Y volvemos... -susurré.
Cada día espero con ansias la noche para volver a ver al hombre que espera por mi. Sólo espero una oportunidad para largarme y encontrarle...