Este es un cuento que escribí como tarea para mi clase de Psicología. XD Esta todo cucho pero bueeno...
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-¡NIÑOS! ¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE DECIRLES QUE NO MOLESTEN A LA SEÑORITA MESERA?
-¡Gina! Deja a los niños que se diviertan, al fin, no son má que niños...
-No mama, se tienen que comportar.
-Dejalos tía, si no crecen amargados de la vida, fumando 15 cajetillas diarias y tomando hasta perder la conciencia solo porque su marido les dice que estan gordas -Dijo desganada una chica de cabello negro, ojos negros, maquillaje negro, ropa negra y la piel más blanca que la harina; a quien calculé unos 16 ó 17 años.
-¿Qué dijiste, Mariana? -Le espetó una mujer gorda de vestido de flores a la chica que estaba sentada junto a ella.
-Nada, ma.
Traté de esconderme tras mi minúsculo libro nuevo de esas 5 mujeres gritonas y los gemelos que andaban corriendo entre las mesas, espantando comenzales con monstruosas carasy colgándose de las faldas de las pobres meseras. Yo que ellas los hubiera apartado de una patada.
-¡ADRIANA! ¡ANDRÉS! ¡YA ESTENSE! -Esa mujer gritona era la mamá de los niñitos ruidosos, a quien le calculé más de 30 pero menos de 40.
Tambien había una viejita que parecía que había sobrevivido al Titanic.
-¿Señorita? La molesto con un poco más de café, por favor. -Ella casi no hablaba, se llamaba Julieta y estaba a punto de dar a luz, a juzgar por su enorme panza.
-¡M'ija! No tomes café, toma cerveza, para qu des harta leche.
-¡Hay, mamá! Eso no es cierto, no le hagas caso Julietita, ya ves como se alucina aveces tu abuela.
-Tía Gina, que gusto de volverte a ver, hace mucho que no me llevas a Tepis...
-¡Y QUE N SE TE OCURRA VOLVERLA A LLEVAR, GEORGINA! ¡Y MENOS EN ESE ESTADO! ¿ME OISTE? ¡TE LINCHO! -Interrumpió cual huracán la mamá de Julieta, Rosa.
-Jajajaja -Rió Julieta con voz de ruiseñor- ¡Mamá! Pero yo ya decido solita, ya estoy MUY grandecita, tengo un trabajo exelente y un marido maravilloso.
-¡ADRIANA! ¡ANDRÉS! ¡YA ESTUVO SUAVE! -Oí tras mi mísero librito un par de zapatitos arrastándose hacia la mesa de las amazonas. -¡Y se me sientan aquí! ¡Y pobre de aquel que se vuelva a parar! ¿Me oyeron?
-Sí, ma. -Respondieron al unísono un niño y una niña que solo se distinguían por el largo de sus cabellos y por sus ropas.
-Niños, vengan -Los llamó Julieta.
Una vez que los niños estuvieron al alcanze de la futura mamá, ella los arrimó y puso sus manitas en una protuberancia que se hayaba en la parte superior de su panzota...
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-¿Sienten? -Dijo con extrema dulzura Julieta-Ese es su piecito.
<<¿Su pie?, pues ¿cuántos meses tiene?>>
Decidí no meterme donde no me llamaban y traté de continuar mi lectura, bebiendo de vez en cuando sorbitos de mi ya helado café. Simplemente fué imposible, pues se reían cada dos segundos de una forma que me taladraba los sesos y mi cordura dejándolos (ambos) en calidad de pudin.
Unos minutos después, sentía que la cabeza me iba a explotar. Los gemelos acosaban de nuevo a las meseras y a los clientes, su mamá les gritaba constantemente; la mujer gorda regaba a Mariana porque cada vez más se iba acostando en la silla; la abuela hablaba sola de cuando había ayudado a su mamá en su parto y de vez en vez la cara de Julieta se transformaba en una mueca de dolor.
-¿Julieta? ¿Qué tienes, hija?
-¡Son contracciones!
SPLAT
Adiós fuente. Julieta se puso roja como un tomate, nunca me dijo si del dolor o de la vergüenza de que le rompiera la fuente en un Sanborn's.
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Señorita ¿la molesto con tres servicios de café, una coca y una nueva generación, por favor?
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